La copa de vino, esa gran desconocida

por | Jun 20, 2017 | Blog | 0 Comentarios

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¿Cuántas veces has conservado una botella de vino con el máximo mimo pero no has tenido ese cuidado al elegir la copa?

Cometemos un error al pensar que un vino se puede servir en cualquier recipiente. Y es que el tamaño y la forma de una copa sí importan, ya que esta es capaz de alterar los aromas del vino.  Por ello, antes de servir un vino deberíamos preguntarnos qué copa es la apropiada.

Material: no vale cualquier cristal
Lo principal que debemos tener en cuenta a la hora de elegir nuestra copa es el material con el que está fabricada. Probablemente sabrás que plástico es una mala apuesta pero también lo es una mala cristalería. Una copa debe ser de cristal o vidrio fino y transparente. De lo contrario puede influir en la percepción de los colores, aromas y sabores cuando catamos un vino.   Además, también hay que tener en cuenta su grosor, ya que un borde grueso hará que nuestros sentidos se centren más en la propia copa que en el vino.

Tamaño y forma: olvídate de las copas diminutas
Al igual que el material de fabricación, el tamaño también influye. La copa debe ser lo suficientemente grande como para verter el vino y que este pueda ser agitado, sin problema de que se desborde, para oxigenarlo. Dentro del tamaño entra también en juego el tallo o pierna de la copa. Éste debe ser lo suficientemente largo como para impedir a la persona que cate el vino ensuciar el cuerpo de la copa ni que caliente el caldo con el calor corporal que transfiere la mano.

Y ahora, ¿cuánta cantidad debería servir?
Cada tipo de vino requiere de diferentes tipos de copas para disfrutarlos al máximo. Aunque no hay una regla fija, se dice que para los vinos secos, como puede ser un tinto o un blanco, es apropiado verter en torno a un tercio por copa para conseguir así servir cinco copas por botella de 750 ml. Sin embargo, para los Oporto o los Jerez, que suelen ser vinos con mayor contenido de alcohol, se sirve un contenido de unos 90 ml en una copita pequeña. Para los vinos dulces la cantidad estándar es de entre 60 y 90 ml mientras que para los vinos espumosos, que se sirven en copa flauta, lo ideal es llenar la copa casi hasta arriba.

Por lo tanto, la próxima vez que descorches tu preciada botella de vino recuerda que no solo hay que saber sus propiedades y reglas de conservación, sino que también debemos tener en cuenta el cómo y dónde se sirve.

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